sábado, 16 de septiembre de 2006

Día 8. Trekking en el cañon del Colca (16/09/2006)

De día las cosas toman otro color. Y lo que la noche anterior se había perfilado bonito, por la mañana era espectacular.



Sobre las 8h desayunamos, esta vez panqueque (que son como unas creps) con mermelada y mantequilla y una manzanilla. Aunque también había la opción de tomar leche rebajada con agua y café en polvo.

Y sobre las 9h, ¡en marcha! Aún nos quedaban 3-4 horas de caminata con unos 40 minutos de subida.
El inicio no se me hizo tan pesado como creía. Siempre a un paso moderado, a nuestro ritmo, el camino se iba haciendo bien.
El paisaje acompañaba, desde luego en pocas ocasiones nos encontraremos rutas iguales.






Durante 4 horas vamos caminando sin problemas, disfrutando de la zona, haciendo fotos. El último tramo es el que se me hizo cuesta arriba a pesar de ser un camino cuesta abajo.
Estaba cansada, me pesaba la mochila, me dolían los pies, me estaba irritando, ¡cómo podía ser que no aguantara!. Luego llegué a la conclusión y me lo corroboró el guía que era por el sol, hacía demasiado calor en ese momento.

Y ¡por fin! Llegamos al “Edén”, un lugar de cabañitas, sin baño privado individual. Baño hay pero es comunitario, y lo mejor ¡con una piscina natural nutrida por el propio rio!. Se va llenando con el agua que cae de la montaña y cuando está llena sigue su curso por riachuelos y canales ya hechos para ello. Una gozada. Además desde arriba ya se veían las piscinas (hay 3 hospedajes con una piscina cada uno: Adén, Paraíso y Oasis). El nuestro, Edén.





Nada mas llegar dejamos las cosas en la cabaña, que tenía una cama de 1,35m y súper hundida. ¡Qué mal vamos a descansar!, pensé. Pero había otras cosas que me distraían más, como por ejemplo mis doloridos pies, mis derrengadas piernas, mi maltrecha espalda, … ufffffff, donde estaba esa piscinita que venía avistando desde lo mas alto del camino???. Estaba muy acalorada.
Así que no me lo pensé dos veces ¡al agua pato!
Qué maravilla, que rica, por supuesto este hospedaje hace honor a su nombre. Que bien nos sentó nadar, chapotear, ponernos debajo del chorro de la cascada.
Otro baño reparador.
Pues si llegamos a las 13h estuvimos hasta las 15h en remojo y tomando el sol, casi nada.
Así que tuvo que llamarnos Alí para ir a comer (almorzar) que, no te lo pierdas, la comida la cocinaba él mismo.
De primero sopa de quínoa con queso casero, muy buena por cierto y de segundo carne de Alpaca (es muy roja y con un sabor parecido al hígado) con quínoa y un huevo frito. También rico, rico.
De postres nos hizo una macedonia de plátano, piña y papaya con yogurt de fresa.
O sea que comimos divinamente. Charlamos un rato y le comenté la posibilidad de ponernos en una cabaña con camas separadas para poder descansar mejor, ya que para poder aguantar el ritmo que llevamos el descanso era primordial.
Y sin ningún problema nos colocó en una cabaña de 4 camas. Todas para nosotros. Esta noche descansaremos mejor, sin duda.
Si tengo que describir la cabaña diré que es una construcción que nos hace viajar en el tiempo a épocas en las que las casas se hacían con tochos, no como los conocemos hoy en día en las ciudades y en los países desarrollados sino como se hacían antiguamente, de adobe y paja ¡impresionante!. Paredes de adobe cuyas aberturas cual ventanas eran tapadas con una estructura de cañas atadas verticalmente. El techo, de cañas cubiertas por un manto de paja. Quien nos lo iba a decir. Y los mejor, las camas, las cuales reposaban sobre la propia tierra, prueba de ello era el hongo que había bajo uno de los catres, muy genuino. Las camas eran 6 troncos de árbol, tal cual, sin pulir, con su corteza y todo y sobre los troncos una estructura de cañas entrelazadas haciendo las veces del somier y encima el colchón con sus 14 o 15 mantas. Curiosísimo.




Aquí tampoco hay electricidad por lo que hay que ir con el sol además mañana nos tocan diana a las ¡2.30h de la madrugada! para caminar cuesta arriba durante 3-4 horas y llegar a la Cruz del Cóndor a ver volar a los cóndores.
Así que sobre las 18h ¡a dormir, no más! Jejejeje….
No había visto en una cama tantos bichitos como había en esta ¡carajo!

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